Francoise Collin, Jonathan Culler y Diana Fuss contribuyen al debate en curso sobre lalectura dentro del pensamiento crítico feminista. Presentan diferentes respuestas a la preguntafundamental: ¿qué significa “leer como mujer”? Esta pregunta los lleva a la discusión delesencialismo versus el construccionismo social. Por un lado, los construccionistas socialesadvierten sobre el peligro de establecer la experiencia de las mujeres como una categoríauniversal, ya que este argumento socava la diferenciación entre las mujeres y da como resultadouna concepción ahistórica de la opresión de las mujeres. Por otro lado, los esencialistas sostienenque el construccionismo social destruye la posibilidad de la acción colectiva, al eliminar la ideade la mujer como una clase universal. Mientras que Collin afirma un feminismo de la diferencia,Culler y Fuss argumentan en contra de la creación de este binario y ofrecen nuevas formas deentender la identidad y experiencia de género.Francoise Collin en “El sujeto y el autor. O el acto de escribir como acto universal “entraen este debate comenzando con una explicación de la pregunta: ¿escribes como una mujer? Ellaafirma que esto implica que el acto de escribir como mujer es una opción y que hay una manerade escribir como mujer. Segun Collin “la diferencia entre los sexos es inevitable, pero no por ellodeja de estar sometida a un proceso histórico-social y también individual” (Collin 179). Aunquelas condiciones histórico-social produzcan esta diferencia esto no significa que seacompletamente superable. Hoy en dia, las mujeres tienen que “definir la inscripción de estadiferencia” (Collin 179). Por ejemplo, escribiendo como una mujer quiere decir “cómo negociastu posición de mujer y tu experiencia femenina en tu escritura” (179). Sin embargo, todoescritura, según Collin, es “la historia de un hombre, de una mujer que no existe.” El texto esdiferente a la comunicación social – “la comunicación literaria inventa al autor y al lector”(180).El problema, según Collin, no es la diferencia entre los sexos, sino la disimetríajerárquica que ha colocado a las mujeres en una posición transcultural en una posición desubordinación con respecto a los hombres. Lo que tiene que suceder no es una eliminación de ladiferencia sexual sino una deconstrucción de la dominación masculina.Jonathan Culler en “Leyendo como una mujer” aborda la misma pregunta que le interesaa Collin sobre lo que significa leer como una mujer, pero también intenta contestar si es posibleque un heterosexual hombre “lea como mujer,” superando todos los hábitos y supuestos basadosen el género impuestos por una cultura rígidamente patriarcal. Para buscar una respuesta exploralos tres momentos de la crítica feminista y su relación con la lectura.En el primer momento, las críticas feministas afirman que la experiencia de las mujereslas lleva a valorar las obras de manera diferente a sus contrapartes masculinos. En esta primeraetapa del feminismo existe la noción de continuidad entre la experiencia de las mujeres de lasestructuras sociales y familiares, y su experiencia como lectores. Sin embargo, Culler señala losproblemas con este primer momento de feminismo. Para hacerlo, presenta el argumento deCarolyn Heilbrun de que leer como mujer no es necesariamente lo que ocurre cuando una mujerlee, de hecho, “las mujeres pueden leer, y han leído, como hombres” (Culler 49). Culler afirma:”Pedirle a una mujer que lea como mujer es de hecho una solicitud doble o dividida. Apela a lacondición de ser una mujer como si se hubiera dado y al mismo tiempo insta a que se cree o seconsiga esta condición” (Culler 49). Esto significa que “leer como una mujer” tiene un dualismocomplejo: se caracteriza por esencialismo y construccionismo.Si no es claro como una mujer “lee como una mujer,” que se puede contestar a lapregunta: ¿cuál es la diferencia entre cómo leen las mujeres y los hombres? El segundo nivel decrítica feminista contesta que la diferencia nunca se da, debe ser producida. Culler presenta laidea de Elaine Showalter de “la hipótesis de una lectora.” Esta noción marca la estructura doble omodificada de la experiencia. Las feministas se han dado cuenta de que las mujeres no hanestado leyendo como mujeres. De hecho, las mujeres se han identificado con personajesmasculinos, en contra de sus propios intereses como mujeres: “se le exige identificarse contra símisma” (Culler 52). La lectura es una actividad aprendida que “está inevitablemente codificadapor sexo y con inflexión de género” (Culler 51). Culler afirma que si bien puede ser difícildeterminar lo que significa leer como mujer, se puede decir que “leer como mujer es evitar leercomo hombre, identificar las defensas y distorsiones específicas de las lecturas masculinas yproporcionar la corrección” (Culler 54). Es decir, “producir una perspectiva integral, una lecturaconvincente” (Culler 58). En resumen, en este segundo momento del feminismo “hay unaapelación para la experiencia potencial de una mujer lectora (que escaparía a las limitaciones delas lecturas masculinas) y luego el intento de hacer posible tal experiencia mediante el desarrollode preguntas y perspectivas que permitirían una mujer para leer como mujer, es decir, no comohombre” (Culler 58).El tercer momento del feminismo continúa donde el segundo movimiento se queda. Secentra en examinar si las suposiciones, los procedimientos, y los objetivos de la crítica actual soncomplicidad con la preservación de la autoridad masculina y explorar alternativas (Culler 61). Seha demostrado que las nociones de realismo, de racionalidad de dominio, de explicación,pertenecen a la crítica falocéntrica. Este momento del feminismo apela a la experiencia del lectorcon el fin de proporcionar una palanca para deshacerse del sistema de conceptos oprocedimientos para la crítica masculina.El pensamiento de que las las críticas feministas se identifican subjetivamente con lasescritoras, o con aquellos elementos de la experiencia femenina reprimida que se descubren enlos textos de la tradición patriarcal, no puede hacer más que poner resistencia local y dejar a laoposición hombre / mujer firmemente en su lugar. Lo que se necesita, argumenta Culler, es unproceso sistemático de desplazamiento que interroga la lógica subyacente a tales suposiciones ymuestra que se basa en cierta ceguera a su propio funcionamiento textual.Por ejemplo, el discurso de Freud sobre la sexualidad femenina revela todos los giros ydistorsiones sintomáticos de una teoría empeñada en establecer el poder sobre aquello que deotro modo escaparía a su control. La histeria y la envidia del pene son solo dos de esasexplicaciones míticas que Freud tiene que inventar para evitar esta amenaza al orden falocráticode las cosas. Entonces, la mejor manera de leer tales episodios es tratarlos precisamente comoalegorías de la lectura, casos en los que el texto de la autoridad masculina choca con los límitesde su propia fuerza explicativa.”Leer como mujer” no se trata de imaginarse cómo sería leer si uno fuera una mujerlectora. Una identificación imaginaria es solamente una representación inversa de losestereotipos sexuales estándar. “Leer como mujer” requiere una lectura deconstructiva de losmitos y estratagemas engendrados por los hombres que funcionan para imponer tales nocionesesencialistas de la experiencia típicamente “femenina.” Un hombre con ideas deconstruccionistastambién puede “leer como mujer.”Al debate sobre género y lectura, Diana Fuss en “Leer como una feminista” aborda lasfortalezas y limitaciones tanto del esencialismo como del construccionismo, con el objetivo de”debilitar la influencia del binarismo esencialista / construccionista en la teoría feminista” (Fuss128). Según Fuss, no hay esencia para el esencialismo, solo existen esencialismos. Ellaargumenta que el construccionismo – la posición de que las diferencias están construidas, noinnatas – en realidad funciona como una forma más sofisticada de esencialismo.Fuss comienza, como Collin y Culler, preguntando qué significa leer como mujer o comohombre. ¿Que subyace y fomenta la noción de un estilo de lectura de clase basado en el género?Ella comienza su búsqueda de respuestas mediante el análisis de tres textos que destacan losproblemas del esencialismo. “Reading Like a Man” de Robert Scholes resalta la noción de clasey respalda la capacidad de las mujeres para ser conscientes de sí mismas como clase porque estánunidas por una cierta experiencia compartida. Para Fuss, la premisa de Scholes es problemática.En un débil intento por aclarar su noción de “experiencia,” Scholes concluye que es “Cualquieraque sea la experiencia, no es solo una construcción sino algo que construye” (Fuss 129). Fussreflexiona, pero descarta rápidamente la posibilidad de que Scholes se refiera a la experienciacompartida de funciones femeninas específicas del cuerpo, como el “flujo menstrual” (Fuss 130).Una segunda sugerencia que Fuss presenta es la experiencia definida por Teresa de Lauretis,experiencia en términos de un proceso continuo mediante el cual la subjetividad se construyesemiótica e históricamente (Fuss 130). Pero Fuss admite que la referencia anterior de Scholes alcuerpo femenino hace que la sugerencia de Lauretis sea improbable.Si la experiencia se toma no solo como construida sino también como construcción,segun Fuss, no es una buena base sobre la cual basar la noción de una clase de mujeres. Ellaadvierte que hay que tener cuidado al hacer afirmaciones sustantivas sobre la base de la llamadaautoridad de nuestras experiencias. En primer lugar, hay poco acuerdo entre las mujeres sobre loque constituye la experiencia de una mujer, y segundo, como explica a través de citar a JeanGrimshaw: la experiencia no viene en segmentos precisos donde podemos decir que ciertaexperiencia se debe a “ser mujer” y no a ser otra cosa: una esposa, parte de una determinadaclase social, etc.El problema con las categorías inclusivas como “la experiencia femenina” o “laexperiencia masculina” es que, dada su generalidad y fluidez, tales términos tienen una utilidadepistemológica limitada (Fuss 130). Tania Modleski proporciona un ejemplo del “caso de unhombre y una mujer leyendo el texto de Freud” (Fuss 133). Ella informa que la mujer, habiendoestado acostumbrada a la experiencia de ser considerada un ser más sensual que intelectual,responde a un texto de manera diferente en comparación con un hombre. A esta suposición, Fusspregunta por qué mujer está hablando Modelski, por y sobre? ¿Está incluida Modelski en sunoción de lectora, lectores del tercer mundo, lectores lesbianas, lectores de clase trabajadora?Probablemente no.Fuss afirma que nunca hablamos simplemente de “la lectora” o “el lector masculino”porque las categorías de “la mujer” o “el hombre” ya están constituidas por otros ejes dediferencia, como clase, cultura, etnia, nacionalidad. , para nombrar unos pocos. Además, ¿puedenlas respuestas de lectura ser “tan fácilmente predecibles, tan fácilmente interpretables?” (Fuss134). Modleski es tan culpable como Scholes, ya que ambos no pueden dar cuenta de lasdiferencias reales y materiales entre las mujeres. Al camuflar las diferencias entre las mujeres,ambos autores en efecto tratan la diferencia en las experiencias femeninas como inmateriales. Sila esencia y la experiencia son demasiado problemáticas, ¿en qué puede basarse la idea de unaclase?Para encontrar una respuesta, Fuss evalúa el concepto de posición de sujeto de Spivakcomo un medio propuesto para leer textos y para textualizar a los lectores. Spivak se basó en ladefinición de Foucault del concepto que elaboró su propia noción de posiciones de sujeto comouno de los cuatro componentes fundamentales de las formaciones discursivas (Fuss 138). Fussluego aplica el enfoque de Foucault a la subjetividad en una teoría general de la lectura alconsiderar preguntas como “¿cuáles son las distintas posiciones que un sujeto lector puedeocupar? ¿Como están construidas estas posiciones? ¿Existen distribuciones posibles deposiciones-sujeto en el mismo texto? ¿Puede un lector o una lectora renunciar a aceptar unaposición-sujeto que el texto ha construido para el/ella? ¿El texto construye al sujeto lector o elsujeto lector construye el texto?” (Fuss 140). La conclusión de Spivak – “la claridad de unaposición-sujeto para hablar o escribir es inevitable” (Fuss 140) – es ambigua en el sentido de queno revisita si se está refiriendo a una compensación de una posición de sujeto previamentemantenida o si es claro el camino para una posición de sujeto particular. Foucault sugiere que esprobable que las posiciones temáticas de las que uno puede leer sean menos una cuestión deelección que de asignación. En respuesta, Fuss argumenta que la perspectiva de Foucaultconduce a dos dificultades. En primer lugar, conduce a una inclinación a taxonomizar, a listar lasdistintas posiciones categóricas de forma lineal, como si pudieran extraerse fácilmente ydistinguirse entre sí. En segundo lugar, leer desde una posición asignada puede prestarse aestereotipos y etiquetar tipos de lectores y predecir sus respuestas institucionales como lo mostróModleski antes (Fuss 144).Fuss vuelve a la pregunta de ¿en qué noción se deberia basar una clase de mujeres? Ellasugiere que tanto la “clase” como las “mujeres” representan constructos políticos y señala a lapolítica como la categoría evidente en el discurso feminista. Sin embargo, aunque Fuss identificala política como el punto focal esencial del feminismo, ella acepta que la noción de política esresistente a una definición precisa.Para concluir, Francoise Collin aboga por una deconstrucción de la dominaciónmasculina en lugar de una eliminación de la diferencia sexual. Jonathan Culler ataca estadiferenciación entre mujeres y hombres con respecto a cómo leen. Propone una lecturadeconstructiva de los mitos y estratagemas engendrados por los hombres que funcionan paraimponer las características esenciales de la experiencia “femenina” y argumenta que los hombresequipados con ideas de deconstrucción pueden “leer como una mujer.” Diana Fuss continúa estedebate y argumenta contra el binarismo entre el feminismo y la deconstrucción. Ella afirma queno sabe lo que significa leer como mujer o mujer. Ella solo sabe lo que significa leer como unafeminista. Finalmente, Fuss termina finaliza su discusión identificando la política como la